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Szymborska sobre Milosz


No a todos les salió bien la lectura, unos recitaban con un insoportable pathos, a otros se les cortaba la voz y las hojas temblaban en sus manos. De pronto anunciaron a un tal Milosz. Leyó sus poemas sin miedo y sin exagerar en la declamación. Como si pensara en voz alta y nos invitara a pensar con él. "Eso es", me dije, "es la poesía verdadera y es un poeta verdadero." Ciertamente fui muy injusta. Allí había dos o tres poetas más que merecían atención. Pero la excepcionalidad tiene escaños. Tuve el presentimiento de que había que levantar mucho la cabeza para llegar a Milosz.


WISLAWA SZYMBORSKA, fragmento de Timidez, artículo en que relata la primera vez que vio a Milosz, el 31 de enero de 1945 en un recital en Cracovia, recogido por ANNA BIKONT y JOANNA SZCZĘSNA en Trastos, recuerdos, Pre-Textos, Valencia, 2015, traducción de Elzbieta Bortkiewicz y Ester Quirós, pág. 594.

Wislawa Szymborska recibe un aluvión de protestas en la revista que dirigía por autorizar la publicación de un poema titulado "Vaca"


El redactor del Correo Literario tenía que permanecer anónimo para los autores que le enviaban epigramas, aforismos, dramas, relatos, novelas, sonetos y poemas. Hubo incluso amenazas, preguntas “¿Por qué no lo publicáis?” y “¿Por qué tipo de criterios se rige el redactor?” y afirmaciones de que a la novia, la mujer, el amigo sí que le había gustado. Szymborska contestaba de manera cordial, pero también con severidad. Explicaba que la obligación de la familia es alabar y animar (“sobre todo, a los primos ha de gustarles todo”). Recordaba que “más obras maestras nacieron gracias a amigos escépticos que entusiastas” y que “la muchacha capaz de espetar en la cara del adorado que compone rimas simplonas es un verdadero tesoro”.

Una vez, en la columna de debutantes, Szymborska publicó el poema titulado “Vaca”, lo que provocó un aluvión de protestas. En el Correo Literario contestó que por lo visto el poema “había afectado a la jerarquía estética de las emociones del lector. Según dicha jerarquía, en la poesía es propio un ruiseñor, adecuada una mariposa e idónea una doncella de tez blanca junto a un lago. Una vaca, en cambio, aun siendo obra de la misma naturaleza, una obra maestra que supera cualquier competencia, sólo se tolera en un libro de contabilidad de una cooperativa agraria con el título de “cabezas de ganado”. Qué retroceso del gusto frente a los antiguos griegos, que adoraban a Hera con el apodo de “ojos de vaca”.


ANNA BIKONT y JOANNA SZCZĘSNA, Trastos, recuerdos, Pre-Textos, Valencia, 2015, traducción de Elzbieta Bortkiewicz y Ester Quirós, págs. 224 y 225.

Dos poemas de "Dos puntos", de Wislawa Szymborska, traducidos por Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia


ABC

Ya nunca sabré
qué pensaba de mí A.
Si B. llegó a perdonarme de verdad.
Por qué C. aparentaba que no pasaba nada.
Qué papel jugó D. en el silencio de E.
Qué esperaba F., si es que esperaba.
Qué aparentaba G., a pesar de estar segura.
Qué quería ocultar H.
Qué quería añadir I.
Si el hecho de que yo estuviera a su lado
tuvo alguna importancia
para J. para K. y para el resto del alfabeto.



EL VIEJO CATEDRÁTICO

Le pregunté sobre aquellos tiempos
en que éramos tan jóvenes,
ingenuos, entusiastas, tontos, inexpertos.

Algo de eso ha quedado, excepto la juventud
—respondió.

Le pregunté si todavía sabe a ciencia cierta
lo que es bueno y lo que es malo para el hombre.

La más mortífera ilusión posible
—respondió.

Le pregunté por el futuro,
si lo sigue viendo claro.

He leído demasiados libros de historia
—respondió.

Le pregunté por la fotografía,
ésa en el marco, sobre el escritorio.

Fueron, pasaron. Mi hermano, mi primo, mi cuñada,
mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa,
el gato en los brazos de mi hijita,
y un cerezo en flor, y sobre el cerezo
un pájaro volador no identificado
—respondió.

Le pregunté si es a veces feliz.

Trabajo
—respondió.

Le pregunté por los amigos, si todavía tiene.

Algunos de mis antiguos ayudantes,
que también tienen antiguos ayudantes,
la señora Luzmila, que gobierna mi casa,
alguien muy cercano, pero en el extranjero,
dos señoras de la biblioteca, las dos sonrientes,
el pequeño Gregorio de enfrente y Marco Aurelio
—respondió.

Le pregunté por la salud y por su estado de ánimo.

Me prohíben el café, el vodka, los cigarros,
cargar recuerdos y objetos pesados.
Tengo que fingir que no lo oigo
—respondió.

Le pregunté por el jardín y el banco en el jardín.

Cuando la noche es serena observo el cielo.
No deja de asombrarme cuántos puntos de vista hay ahí
—respondió.


WISLAWA SZYMBORSKA, Dos puntos, Ediciones Igitur, Tarragona, 2011, traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano.