El amor entre Elena Garro y Bioy Casares "se seca" a cuenta de cuatro gatos


Bioy, según propia confesión, no se enamoraba nunca. La excepción fue la mexicana Garro, de la que Bioy se enamoró cuando aún era la esposa de Octavio Paz. Esta relación, que fue un secreto bastante bien guardado, no se hizo pública hasta 1996, tres años antes de la muerte del escritor, cuando ella vendió a la Universidad de Princeton sus archivos personales, que incluían las cartas que Bioy le había escrito entre 1949 y 1969. Por entonces estaba en la pobreza más absoluta, fumando compulsivamente cigarrillos mentolados. Garro dijo del romance: “Fue el amor loco de mi vida y por el cual casi muero, aunque ahora reconozca que todo fue un mal sueño que duró muchos años”. Lo había conocido a finales de los 40 en el hotel George V, el más elegante de París, cuando Bioy estaba alojado allí con su esposa Silvina Ocampo. “Mantuvimos una amistad que se prolongó durante 20 años, pero de repente se acabó. Fue un gran amor y creo que fui el amor de su vida. Cuando me fui de México después de 1968 tenía cuatro gatos y no los quería dejar aquí. Me vino a la mente recurrir a Bioy y entonces le mandé mis bichitos en una caja por avión a Buenos Aires, porque sabía que era muy rico y tenía casas grandes donde acogerlos. Aceptó y dijo “los recojo a todos”. Los tuvo un tiempo en su casa. Sin embargo, Pepe Blanco me escribió luego que se los había llevado a una casa de campo, a una quinta, y los había dejado ahí. Me dio coraje. Él adujo que lo había hecho para darles más libertad. Yo, en cambio, me dije: “Pobrecito de mis gatos”. El amor que sentía por él se secó. Haga de cuenta que nunca estuve enamorada”. De Elena Garro ha dicho Bioy, poco antes de morirse, que es la única mujer a la que había “adorado”.


MARIO PAOLETTI, Bioy, el amigo de Borges, Revista de Occidente, Nº 351, Julio-Agosto 2010, págs. 137 y 138.