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Una anotación del cuaderno de Marina Tsvetayeva


¿Qué hago en el mundo? - Escucho mi alma. Ni nacionalidades, amigo mío, ni estratos sociales. Dos razas: la de los dioses y la de las bestias. Los primeros siempre escuchan música, los segundos - nunca. Los primeros son amigos, los segundos - enemigos. Pero hay otra, una tercera: la de los que escuchan música una vez por semana. - «Los conocidos.»


MARINA TSVETAYEVA, anotación en su cuaderno en verano de 1917, recogida en Vivir en el fuego: Confesiones, Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores, 2009, traducción de Selma Ancira.

Pasternak sobre Tsvetáyeva


En el sitial más alto coloco a Tsvetayeva, que fue un poeta formado desde su comienzo mismo. En una época de afectaciones ella tuvo su propia voz: humana, clásica. Era una mujer con alma de hombre. Su lucha con la vida cotidiana le dio fuerza. Se esforzó por alcanzar la completa claridad y lo logró. Es un poeta más grande que Ajmatova, cuya sencillez y lirismo yo siempre he admirado. La muerte de Tsvetayeva fue una de las grandes tristezas de mi vida.


BORIS PASTERNAK, fragmento de la entrevista de Olga Carlisle publicada en The Paris Review, The Art of Fiction No. 25, recogida en El oficio de escritor, Ediciones Era, México DF, 2006, traducción de José Luis González, pág. 83.

Kúdrova sobre Tsvetáyeva


Marina Tsvietáieva es el astro más brillante en el firmamento de la poesía rusa del siglo XX. No nos referimos sólo a su talla literaria; tanto su obra como ella misma se pueden considerar como un milagro. Dotada de una personalidad capaz de encarnar en la palabra la rara riqueza de su alma, con una inteligencia ajena al miedo, un carácter independiente y firme, su talento y su ser se han fundido en una sólida amalgama. Y, tal vez para ella, de cada uno de sus versos brota una corriente contagiosa de la más pura y alta tensión.


IRMA KÚDROVA, prólogo a Un espíritu prisionero, recogido por Sergio Pitol en El viaje, segundo volumen de su Trilogía de la memoria, Anagrama, Barcelona, 2019, pág. 402.

Nina Berberova se entera con seis meses de retraso del suicidio de Marina Tsvetáyeva


Febrero de 1942

Ha corrido la noticia de que Tsvetáieva se colgó el 11 de agosto, en Moscú. Nuestra palabra (¿o Palabra Nueva?) la publicó de manera estúpida y trivial. Recientemente, al releer un texto en prosa de Tsvetáieva, di con un pasaje en el que cuenta que alguien, al verla de espalda, la había confundido con Esenin. Ahora, es como si los viera a los dos, balanceándose del extremo de dos cuerdas iguales, él a la izquierda, ella a la derecha, con sus cabezas rubias, de cabellos de lino cortados rectos, presas de nudos corredizos, idénticos.

Dicen que Efrón ha sido fusilado. Su hijo, que es miembro del Partido, está seguramente en el frente. En tales condiciones, ¿cómo no ahorcarse cuando, además, la adorada Alemania bombardea tu querida Moscú, los viejos amigos, asustados, se apartan de ti, los periódicos te acosan y no hay nada que comer?


NINA BERBEROVA, Nina Berberova. El subrayado es mío, Circe, Barcelona, 1990, traducción de Ana María Moix, pág. 307.