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Una anotación del cuaderno de Marina Tsvetayeva


¿Qué hago en el mundo? - Escucho mi alma. Ni nacionalidades, amigo mío, ni estratos sociales. Dos razas: la de los dioses y la de las bestias. Los primeros siempre escuchan música, los segundos - nunca. Los primeros son amigos, los segundos - enemigos. Pero hay otra, una tercera: la de los que escuchan música una vez por semana. - «Los conocidos.»


MARINA TSVETAYEVA, anotación en su cuaderno en verano de 1917, recogida en Vivir en el fuego: Confesiones, Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores, 2009, traducción de Selma Ancira.

Una reflexión de Sophia Tolstaia


Los biógrafos de mi marido contarán cómo ayudaba a los trabajadores a cargar cubos de agua, pero nadie sabrá que nunca le dio un respiro a su esposa y que nunca, en todos estos 32 años, le dio un vaso de agua a su hijo ni pasó cinco minutos a su lado para darme la oportunidad de descansar un poco.


SOPHIA TOLSTAIA, fragmento de su diario recogido por Zoë Heller en su respuesta a la pregunta Is the Writer's Only Responsability to His Art?, The New York Times, 19 de enero de 2016, traducción de Google Translate + Mary Crónica, toda la respuesta AQUÍ

NOTA DE LA ADMINISTRACIÓN: Del matrimonio entre Sophia y Lev Tolstòi nacieron trece hijos, de los que solo cinco llegaron a adultos.

Una reflexión de Patricia Highsmith


Es muy importante que la gente, sobre todo la gente joven, escriba algo de poesía durante su vida. Aunque sea mala poesía. Aunque crean que no les gusta la poesía o no tienen talento para escribirla, deberían escribirla, aunque sea mal, si es sincera. Y la poesía sincera de verdad rara vez es mala por mucho que la forma no sea perfecta. Pero la poesía abre una nueva perspectiva del mundo. No es tanto que veamos cosas nuevas como que vemos cosas viejas de un modo diferente. Y esta experiencia es inestimable. Estremece el alma en la misma medida que la experiencia del amor. Es más ennoblecedora. Forja a filósofos y reyes.


PATRICIA HIGHSMITH, anotación del 25 de mayo de 1941 incluida en sus Diarios y cuadernos 1941-1995, Anagrama, Barcelona, 2022, traducción de Eduardo Iriarte Goñi.

Una reflexión de Gertrude Stein


Usted conseguirá escribir si lo hace sin pensar en el resultado en términos de resultado, sino pensando en la escritura en términos de descubrimiento, que es lo mismo que decir que la creación debe producirse entre el lápiz y el papel, no antes, en el pensamiento, o después, al darle nueva forma. Sí, es cierto que primero es un pensamiento, pero no debe ser una idea elaborada. Si está ahí, y si lo deja usted salir, saldrá, y lo hará en forma de una experiencia creativa repentina. No sabrá cómo ocurrió, ni siquiera de qué se trata, pero será una creación si surge de usted y del lápiz, y no de un trazado arquitectónico previo de lo que quiera hacer. La técnica no es tanto cuestión de forma o estilo como del modo en que surgen ambos, y de cómo lograr que lo hagan de nuevo. Si uno permite que la fuente se hiele, siempre quedará el agua helada, saltando hacia el cielo y cayendo hacia el suelo, su movimiento congelado. Estará allí para verla, pero ya no manará. Sé lo importante que es experimentar ese reconocimiento creativo. No es posible introducirse en el útero para dar forma al niño: está allí dentro, se hace a sí mismo y surge completo. Existe y uno lo ha hecho y lo ha sentido, pero ha venido por sí mismo. Eso es el reconocimiento creativo. Por supuesto uno tiene más control sobre lo que escribe. Hay que saber lo que se desea obtener, pero una vez descubierto, hay que dejarse llevar, y si parece alejarnos del camino, nada de echarse atrás, porque quizá sea ahí donde instintivamente queremos estar. Quien se vuelve atrás e intenta permanecer para siempre donde siempre ha estado hasta entonces, se seca.


GERTRUDE STEIN, entrevistada por John Hyde Preston en The Atlantic Monthly, agosto de 1935, incluida en Las grandes entrevistas de la historia 1859-1992, El País Aguilar, 1997, traducción de Herminia Bevia y Antonio Resines. Toda la entrevista AQUÍ

Una reflexión de Ursula K. Le Guin


Existen pruebas fehacientes de que cuando las mujeres hablan más del treinta por ciento del tiempo, los hombres perciben que ellas dominan la conversación; de manera similar, si dos mujeres seguidas, digamos, reciben alguno de los grandes premios literarios anuales, las voces masculinas empiezan a hablar de confabulaciones feministas, de corrección política y de la decadencia de la imparcialidad de los jurados. La regla del treinta por ciento es realmente poderosa. Si más de una mujer de cada cuatro o cinco escritores ganara los premios Pulitzer, PEN/Faulkner o Booker —si más de una mujer de cada diez premiados ganara el Nobel de Literatura—, la ola de protestas masculinas posterior devaluaría y hasta podría destruir el premio. Al parecer, los tipos literarios solo pueden competir los unos con los otros. Cuando se hallan genuinamente al mismo nivel competitivo que las mujeres, se ponen histéricos. Lo cierto es que sus voces tienen que oírse el setenta por ciento del tiempo.


URSULA K. LE GUIN, fragmento de «Fuera de la página», charla pronunciada en Berkeley en abril de 1998, recogido en Contar es escuchar, Círculo de tiza, 2018, traducción de Martín Schifino.

Una reflexión de Zora Neale Hurston


No sé si cuando eras pequeña ibas a menudo al río Matanza para pescar peces sapos, pero seguramente sabrás que si estos peces son engullidos por otro más grande, le devoran las paredes del estómago hasta conseguir liberarse. Así es la vocación de escribir: tienes que hacerlo a toda costa, o encontrará la manera de salir de ti como sea.


ZORA NEALE HURSTON, recogido por Mason Currey en Rituales cotidianos: las artistas en acción, Turner Publicaciones, Madrid, 2019, traducción de Marta de Bru de Sala.

Un fragmento de "Las literatas. Carta a Eduarda", de Rosalía de Castro


Amiga mía, tú no sabes lo que es ser escritora. Serlo como Jorge Sand vale algo; pero de otro modo, ¡qué continuo tormento!; por la calle te señalan constantemente, y no para bien, y en todas partes murmuran de ti. Si vas a la tertulia y hablas de algo de lo que sabes, si te expresas siquiera en un lenguaje algo correcto, te llaman bachillera, dicen que te escuchas a ti misma, que lo quieres saber todo. Si guardas una prudente reserva, ¡qué fatua!, ¡qué orgullosa!; te desdeñas de hablar como no sea con literatos. Si te haces modesta y por no entrar en vanas disputas dejas pasar desapercibidas las cuestiones con que te provocan, ¿en dónde está tu talento?; ni siquiera sabes entretener a la gente con una amena conversación. Si te agrada la sociedad, pretendes lucirte, quieres que se hable de ti, no hay función sin tarasca. Si vives apartada del trato de gentes, es que te haces la interesante, estás loca, tu carácter es atrabiliario e insoportable; pasas el día en deliquios poéticos y la noche contemplando las estrellas, como don Quijote. Las mujeres ponen en relieve hasta el más escondido de tus defectos y los hombres no cesan de decirte siempre que pueden que una mujer de talento es una verdadera calamidad, que vale más casarse con la burra de Balaam, y que sólo una tonta puede hacer la felicidad de un mortal varón. Sobre todo los que escriben y se tienen por graciosos, no dejan pasar nunca la ocasión de decirte que las mujeres deben dejar la pluma y repasar los calcetines de sus maridos, si lo tienen, y si no, aunque sean los del criado.


ROSALÍA DE CASTRO, Las literatas. Carta a Eduarda, artículo publicado por primera vez en el Almanaque de Galicia de Lugo (1865). Todo el artículo AQUÍ.

Una reflexión de Patricia Highsmith


¿Por qué es melancólica la gente creativa? Porque no tienen el estricto marco de comportamiento al que se ciñen todos los demás. Son hierba a merced del viento, mecida de aquí para allá, aplastada a veces contra el suelo. La persona creativa, desde el punto de vista intelectual, consideraría el precio demasiado alto al principio. Lo peor de todo, la horrible certeza de que esta lucha (la historia de la misma) es inservible con fines literarios.


PATRICIA HIGHSMITH, anotación del 2 de enero de 1942 incluida en sus Diarios y cuadernos 1941-1995, Anagrama, Barcelona, 2022, traducción de Eduardo Iriarte Goñi.

Una reflexión de Virginia Woolf


Cada vez que una lee de una bruja tirada al agua, de una mujer poseída por los demonios, de una curandera vendiendo hierbas y aun de la madre de un hombre célebre pienso que estamos en la pista de un novelista, un poeta abortado, o una Jane Austen muda y sin gloria, una Emily Brontë rompiéndose los sesos en el páramo o recorriendo con desolación los caminos, trastornada por la tortura de su genio. Me atrevo a afirmar que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer. 


VIRGINIA WOOLF, Un cuarto propio, Alianza Editorial, Madrid, 2003, traducción de Jorge Luis Borges, pág. 56.